sábado, 25 de mayo de 2013

Mentiras, inconformismo y desilución

Querida amiga:
Ayer fui a la hora a la que ÉL va siempre.
Nos encontramos en el pasillo de los vestuarios. Él iba saliendo del masculino y yo entrando al femenino; y no pude evitar fijarme en él. Llevaba unos pantalones azules que le llegaban a la rodilla, y una camiseta del mismo tono que realzaba sus leves músculos y su ancha espalda.
-Hola -me dijo.
-Hola.
-Al final has venido.
-Ya ves -me miró un momento, y se fijó en mi mochila.
-Bueno, te dejo para que sueltes eso -dijo señalando con la cabeza la mochila- Nos vemos ahora.
¿Te dejo? Vaya, gracias, qué controlador.
Me puse otra vez al final del todo. Él estaba en la primera fila, como la otra vez. cuando pasé a su lado, ni lo miré. Y al memento se dio la vuelta y me miró fijamente -¿acaso piensa que me voy a sentar en la bici que está a su lado? Será tonto-. Yo le respondí con una mirada pétrea, casi fría. Se levantó y se acercó a mí. ¿Qué pretende?
Se puso en una de las bicis que estaban a mi lado y me dijo:
-Que no muerdo -y entonces me puse colorada. Pero... ¿qué? Eso sí que no me lo esperaba.
-Ya..., yo tampoco -¡pero qué clase de respuesta es esta! El rubor se me intensificó. Por suerte, la chica que dirigía la clase llegó y comenzamos a pedalear.

Soy idiota, idiota, idiota, idiotaaaaaaaa. "Ya, yo tampoco". ¿Qué? ¿Qué haces, Mona?
La música comenzó a sonar estruendosamente, como si estuviéramos en una discoteca. Intenté no mirarlo en ningún momento, y centrarme en mi objetivo primordial: ponerme en forma y bajar peso.
Me miré en el espejo que estaba en frente mía y me vi a mí -toda colorada y sudorosa-, al resto de la clase y a él, que me observaba desde el otro lado del espejo. Nuestras miradas se enfrentaron serias. ¿Qué estaría pensando?
No hablábamos, solo nos mirábamos de vez en cuando a través del espejo, como si con ello pudiésemos revelar nuestros pensamientos más siniestros.
La clase terminó, y entonces me atreví a mirarlo directamente, no a su reflejo en el espejo.
-Bueno, me tengo que ir rápido -comencé- ya nos vemos...
-Oye, espera. Casi no hemos hablado -y entonces se calló un segundo, como si estuviera pensando lo siguiente que iba a decir-. ¿Me dejas que te invite a un helado?
Hace mucho tiempo que no nos vemos.
¿Cómo? -pensó la Mona racional.
Di que sí, di que síiiiii -gritaba en mi cabeza la Mona pasional.
-No puedo, tengo que estudiar. Me quedan cinco días para terminar el curso -dije.
-Mona, hoy es viernes...
-No, de verdad -lo corté- Ya es tarde, son casi las 11 de la noche y mañana quiero levantarme temprano -mentí.
No podía ir, entiéndeme, amiga mía. ¿Cómo iba yo a comer un helado? ¡Que estoy a régimen! Pero tampoco podía decirle la verdad. No podía decirle que estaba a dieta y que no podía comer dulces. Me da mucha vergüenza admitirlo. Así que nos despedimos y le dije que otro día, ¿vale? Y él se quedó allí, en la puerta, mirándome como avanzaba por la calle.
Ahora, después de escribir todo esto, me siento verdaderamente idiota. ¿Por qué le dije que no? Por un día que tomara un helado no pasaría nada, ¿no? O tal vez sí.
¿Por qué no fui sincera con él? Quizá porque creí -y creo- que no lo entendería, que se burlaría de mí.
He tenido una oportunidad increíble y no la he aprovechado. Quizá después de hoy no se digne a hablarme nunca más.

Con cariño,
Mona
   Tonken

Posdata: como siempre, espero que me envíes tu comentario,
 tu opinión y que si me quieres decir algo más o contarme la historia
que llevas dentro, me escribas a mona.tonken@gmail.com. Tu
punto de vista es siempre importante para mí. 


1 comentario:

  1. Hola Mona.
    Creo que te estás perdiendo emociones importantes en esta vida, emociones como salir con un chico a tomar un helado. Personalmente creo que le deberías haber dicho que sí, o por lo menos que estabas a régimen y que no podías tomar un helado. Cualquier persona con dos dedos de frente puede entender que te estés cuidando para gustarte a ti misma. Y en una relación, sea cual sea (amistad o amor) la sinceridad es imprescindible.
    Por culpa de tu obsesión por mantenerte en tu peso ideal, estás perdiendo la oportunidad de salir con el chico que te gusta. Si él no te acepta como eres, entonces no merece la pena intentar nada con él.

    Dejar de estar muy delgada o muy gorda es una cosa que se puede solucionar con relativa facilidad, y de echo, por lo que veo, lo estás intentado; pero volver atrás en el tiempo para arreglar tus errores y decirle al chico que te gusta que sí quieres estar con él un rato (tomando o no un helado), es una cosa imposible de hacer.

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